EGIN DEZAGUN IRAULTZA FEMINISTA

NI OBEDECER, NI SERVIR, NI CALLAR

En los últimos años estamos viviendo una supuesta crisis económica, nosotras lo llamamos estafa, que es la coartada perfecta para introducir el “terror” a la movilización. No solo nos recortan recursos sociales, sino que comienzan a verse vulnerados Derechos que creíamos consolidados.

 

Las mujeres sabemos mucho del miedo, así nos han querido siempre, asustadas, silenciadas por miedo a sufrir violencia. Con miedo a “provocar” al agresor y su ira.

 

 

Ahora que en todo el mundo vivimos una reinvención del capitalismo más salvaje donde la explotación de la población se empieza a convertir en un hecho global,  mucha gente tiene miedo a salir a la huelga, a manifestarse, a rebelarse. Además nos señalan que la culpa es nuestra por creer que teníamos Derecho, que hemos usado mucho el sistema público.

Por otro lado, el poder institucional se ha aprendido muy bien el discurso de lo políticamente correcto. Se ha adueñado de palabras que no entienden y las vacían de contenido. Dicen querer “proteger” a las mujeres para que salgan de su círculo vicioso. Al mismo tiempo recortan servicios, nos hacen repagar por los servicios públicos, aumentando las desigualdades, eliminando la capacidad de autonomía y de elección, pero eso sí nos están salvando. Agradecidas, deberíamos estar.

En realidad para los conservadores nunca hemos tenido Derecho, solo obligaciones. Por eso, cuando actúan en clave de equidad lo hacen como si nos estuvieran haciendo un favor , simplemente porque no creen en la igualdad, no entra dentro de sus responsabilidades de acción política.

No es casualidad el discurso actual del sistema: “No nos queda otro remedio. La situación nos obliga. La población tiene que entender que es lo único que se puede hacer. Es la única solución para mantener el sistema público”. Se parece tanto al discurso de los agresores machistas: “No me quedó otro remedio. Ella me obligó. Es por la situación, yo no quería hacerlo. Ella me provocó. Lo hago por su bien, para que aprenda. Me produce más dolor a mí que a ella”. Los sistemas, las relaciones de abuso de poder utilizan las mismas estrategias para la dominación, no asumir la responsabilidad, chantajear e inducir al miedo para disciplinar los comportamientos. Hacernos creer que la culpa de la desigualdad o de la violencia es nuestra. Porque solo les importa su propio bienestar y el mantenimiento de sus privilegios a costa de lo que sea.

Nos han estafado, pero como bien señala la Coordinadora 25 de Noviembre no estamos dispuestas a que nos devuelvan a tiempos “de obedecer, servir y callar”.

Durante años hemos visibilizado la violencia machista como un hecho estructural. Sabemos que el origen de dicha violencia está en la desigualdad y a su vez la violencia sirve de herramienta para el mantenimiento de la desigualdad. Actuar para su erradicación es actuar, no a favor de las mujeres, sino a favor de la justicia social. Si queremos acabar con la violencia sexista, y es posible, debemos de modificar nuestro imaginario colectivo, nuestro mobiliario mental. Es inadmisible que se siga pensando: “que las leyes son como las mujeres, estan para ser violadas” (Castelao). Eliminar la violencia simbólica, es decir, los prejuicios o el ideario machista es un primer paso. El segundo pasa por eliminar la violencia estructural, la organización social basada en la dominación de las mujeres.

El último paso sería actuar frente a los casos de violencia material, en los casos concretos.

Hagamos que los Derechos sean una realidad para todas y cada una personas. Pasemos de la impotencia a la indignación y de ella a la acción para erradicar la desigualdad y por extensión la violencia sexista de nuestras vidas. Nos va nuestro futuro en ello. Podemos y tenemos Derecho a un presente y a un futuro de igualdad.

Próximos cursos

Sin eventos

Calendario de cursos

Agosto 2018
L M X J V S D
30 31 1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31 1 2